El año pasado, alrededor de estas fechas, fui a un evento a saber más sobre viajes de idiomas para adolescentes. En casa teníamos a Victòria con 16 que llevaba años pidiéndonos ese tipo de viajes, y lo cierto es que aún no nos decidíamos.
Pero la cuestión es que ese día el destino quiso que en el sorteo del evento ganáramos el premio para Vicky: un mes en Rush, Irlanda.

Mi hija mayor es autodidacta y desde que tiene unos 8 años lee libros en inglés, escucha música y aprende todo lo que pasa por sus manos, así que su nivel, a pesar de no haber hecho nunca clases, era elevado, por lo tanto las posibilidades de aprovechar al máximo el viaje eran altas.

Seré sincera, estaba más nerviosa por el viaje de sus sueños, por lo que ella iba a vivir y disfrutar que por eso de viajar sola o no verla durante un mes entero.
En la reunión con Kells College nos quedamos tranquilos, porque llevan casi 50 años dedicándose a esto y conocen perfectamente el tema. El sistema para mantener a las fieras mansas son las actividades, muchas y divertidas. Clases por la mañana y muuuuchas actividades hasta la noche, así que acaban tan cansados que no tienen tiempo de tener malas ideas y mucho menos de llevarlas a cabo. Así es como consiguen que decenas de teenagers pasen dos, cuatro o más semanas sin sus familias y sin descarriarse.

Yo estaba tranquila, porque Vicky es una buena chica y porque Kells me brindaba mucha confianza.
Y así fue como llegó el día, y Victòria se fue a Rush (Irlanda) junto a otros tantos niños y niñas con mucha ilusión.
La alojaron en una casa de familia, una pareja muy joven con un niño pequeño y un perrito. La cuidaban mucho y eran muy amables con ella.
Cada mañana iba a clases y por las tardes excursiones, talleres o actividades. Por la noche a veces discoteca o directos a dormir.
La vida en Irlanda es muy distinta, cenan temprano pero siguen haciendo vida e incluso salen a cenar después de haber cenado temprano.
Aunque la lengua es inglés, el acento es distinto al que vienen acostumbrados en las películas o en clases, así que lo primero que hacen es afinar el oído al nuevo acento. Al principio puede que les cueste, pero no tardan en adaptarse.

Esta primera vez no la volveré a vivir nunca más”.

Vicky

Victòria volvió tan feliz que se puso a llorar al llegar a casa, porque “esta primera vez no la volveré a vivir nunca más”.
Se que le cambió la vida, y la vida la cambió a ella.
¿Aprendió inglés? Muchísimo, las clases eran buenísimas (según sus palabras) y al ser tan intensivas le dieron un nivel aún mejor en gramática y hablado también. Al acabar recibió premio a la mejor alumna de la clase ( y era la clase más avanzada!). So proud!

Ahora me preguntarás ¿a qué edad sería ideal? Y te diré que en mi opinión, a partir de los 14 años unas dos semanas y a partir de los 16 unas 4 semanas como se fue Victòria. Pero esto es muy relativo, cada persona es diferente y eso deberías consensuarlo con tu hijo o hija.
¿Cuánto cuesta? La verdad es que depende de la empresa con la que viaje, pero a partir de 2500€ según el tiempo de viaje, el destino, lo que vayan a hacer allí, etc. Mi consejo es que si vas a dar el paso, no te guíes por precios sino por la confianza que te brinden en las reuniones previas.

Repetiría mil veces esa experiencia con mis otros dos hijos, porque realmente les cambia la vida.

Aquí os dejo unos vídeos con nuestros testimonials 🙂

Y vosotras ¿habéis viajado o enviado a vuestros hijos?

 

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